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Reparaciones a domicilio

Yo trabajo en una tienda de informática y un día como otro cualquiera tenia que ir a reparar un ordenador. Hoy tocaba Sonia, una profesora de instituto de 24 años, alta, pelirroja y con unos ojos verdes preciosos. Vive con otras dos chicas en una pequeña urbanización a pocos kilómetros. El chalet era precioso, escondido entre los árboles, con un jardín muy bien cuidado y una piscina gigantesca.

Cuando llegué me recibió en albornoz y con una toalla liada a la cabeza. "Me has pillado recién salida de la ducha, ya sabes donde esta el ordenata, mira a ver que le pasa mientras que termino de vestirme". No era la primera vez que iba a esa casa, por lo que ya me sabia el camino. Yo comencé como lo mío. Sonia tardaba mucho en venir y yo tenia que preguntarle unas cosillas así que me puse a ojear su colección de música para entretener mi espera

De pronto empecé a escuchar unos murmullos en la habitación de al lado, no logré entender lo que era así que no les presté mucha atención, pero después los murmullos se hicieron más claros, eran como gemidos. Dejé lo que estaba haciendo y presté atención a lo que oía. Pude distinguir claramente como una voz femenina decía: "no sigas Maite, por favor que está aquí el chico del ordenador ", "no pasa nada Sonia, si seguro que no se entera", y después siguieron los gemidos.

Yo no me podía creer lo que estaba pasando, había dos chicas dándose el lote en la habitación de al lado, cada vez los gemidos eran más fuertes y continuos, se podía ver que estaban disfrutando de lo lindo y yo ya me estaba poniendo cachondo.

Sin prensármelo dos veces me dirigí a la habitación donde estaba la juerga. La puerta estaba entreabierta. Me asomé con sigilo para ver lo que estaba pasando sin ser descubierto. Allí estaba Sonia, comiéndole el coño a una chica que debía ser Maite. Maite es rubia, con un físico espectacular y unos pechos bastante grandes. Estaba tendida boca arriba en la cama, con las piernas bien abiertas. Pude ver que se depilaba la zona pubica. Sonia me sorprendió cuando la vi desnuda. Su cuerpo era impresionante, nunca me pude imaginar que debajo de su ropa hubiera un cuerpo tan precioso. Toda su piel era sonrosada, sus pechos eran firmes y duros, y su culo...... simplemente perfecto. Aquella escena termino de ponerme totalmente cachondo y además Sonia parecía ser muy experta en comer coñitos, porque la cara de placer de Maite y sus gemidos eran espectaculares.

Cuando se iban a cambiar de posición, Maite se dio cuenta de mi presencia y con un gesto me invito a que me uniera a la fiesta. Yo entré y Sonia se quedó un poco sorprendida, quizás mas por vergüenza que por la sorpresa, pero su amiga no estaba dispuesta a que se detuviera la fiesta, se dirigió hacia mi y en un segundo me dejó totalmente desnudo y tendido en la cama. Se echó sobre mi y empezó a besar mi cuerpo, bajando poco a poco hasta llegar a mi verga. La cogió con las manos y empezó a chupar avidamente, como si fuera la última vez que lo fuera a hacer. Se notaba que ya era experta en el tema, nunca hasta entonces me habian hecho una mamada tan buena, era un placer inmenso.

En el calor del momento cogi a Sonia, la sente sobre mi boca y empecé a comerle su rojizo coño. Primero lamiendo sus sonrosados labios, después los abri en busca de su clítoris. Alli estaba ese músculo rojizo, acerqué mi lengua y empecé a lamerlo suavemente. Sonia se movia acompañando a mi lengua, cada vez gemia mas y mas, y cuanto más gemia, mas apretaba su cuerpo contra mi boca. Entonces se dio cuenta de que cuando Maite chupaba mi verga con más fuerza, yo hacia lo mismo con ella, asi que entre sus gemidos de placer animaba a Maite a que me la chupara mas fuerte. Entonces moje mi dedo corazon en mi saliva y se lo meti a Sonia hasta el fondo. Ella se estremecia de placer, cogio mi cabeza con sus manos y la apreto contra su coño hasta que con grandes gemidos tuvo un orgasmo. Sus jugos caian por sus muslos y me dejó la cara totalmente mojada. Segui lamiendo el coño de Sonia mientras que Maite hacia lo mismo con mi verga, asi hasta que no pude contenerme mas y mis semen inundo la boca de Maite, quien parecia sedienta, porque no dejó escapar ni una gota de su boca.

Entonces Sonia se echó en la cama boca arriba, se abrio de piernas y me pidio que la follara. Yo me eché sobre ella y empecé a comerle los pechos y a mordisquearle los pezones. Ella, entre gemidos me dijo que necesitaba tener mi verga dentro de ella. "Te lo suplico, metemela toda" dijo ella. No la hice esperar mas y empecé a metersela, ella gritaba de gusto y se movia acompañando mis movimientos de tal forma que el placer que ambos recibiamos era inmenso. Mientras Maite ofrecio su depilado coño para que Sonia se lo comiera y ella acepto. Los tres nos moviamos rítmicamente, mientras yo se la metia a Sonia , besaba y lamia los pechos de Maite. Al fin caimos los tres a la vez en un intenso y placentero orgasmo.

Maite queria más y se puso a cuatro patas sobre la cama y me dijo que ahora le tocaba a ella ser penetrada. Yo acepté con mucho gusto, estaba deseando follarme aquel depilado y humedo coño, asi que cogi mi verga y me dispuse a penetrarla con suavidad, pero ella, al notar ya la presencia de mi verga, empujo su cuerpo contra el mio provocando una violenta penetración que le hizo lanzar un estridente gemido de placer. Ella queria llevar la voz cantante en el asunto y empezo a moverse según el ritmo que le convenia, provocando penetraciones lentas y largas y con sutiles gemidos de placer y penetraciones rapidas y violentas con grandes gemidos. Mientras tanto, Sonia se echó en la cama para que Maite le devolviera la comida de coño que le habia hecho antes y esta se lanzo de cabeza a lamer el dulce y rojizo conejito de su amiga. Sonia me pidio que en mis acometidas empujara fuertemente a Maite para asi provocar mayor presion en los lamidos de su conejito. Así lo hice y comprendi que Sonia me pidiera mayor empuje, porque sus gemidos ahora eran mayores y su cara de placer era inmensa.

Asi segui empujando mi verga dentro del conejito de Maite, el placer era inmenso, la tenia agarrada de las caderas para ayudarme a penetrarla con mayor profundidad. La sensación de su precioso culo golpeando mi cuerpo era fantastica. Entonces senti que no queria acabar la fiesta sin metersela por detrás. Saqué mi verga del coño de Maite, cogi su culo y lo acaricié. Era muy suave y con una forma perfecta. Cogi mi verga y la acerqué y cuando Maite se dio cuenta de lo que iba a hacer, paró de moverse y se quedo quieta para facilitar la penetración. Mojé con mi saliva la punta de mi verga y el culo de Maite y empece a metersela con suavidad, no queria hacerle daño. Poco a poco mi verga se fue abriendo paso por el culo de Maite hasta que consegui meterla toda. Ella lanzo un entrecortado gemido. Empezo a moverse con suavidad y siguió comiendo el conejito de Sonia. Yo acompañaba sus movimientos hasta que note que el orificio se habia hecho lo suficientemente grande. Entonces yo tomé la voz cantante, la cogi de las caderas y empece a empujar. Ella cada ver gemia mas y mas y yo empujaba cada vez con mas y mas fuerza. El placer era inmenso, ambos gemiamos ampliamente de gusto y ella me pedia que la penetrara con mas fuerza. Asi lo hice hasta que descargué violentamente todo mi esperma dentro del culo de Maite. Ella, al notar mis ardientes jugos inundar todo su culo empezo a empujar violentamente su culo contra mi verga, lanzando intensos gemidos y empezo a gritar "...que me corroooo, que me corrooooo..." hasta que paró exhausta, se tendio sobre la cama, con la respiración acelerada y con la cara llena de felicidad. Me confesó que nunca la habian penetrado por el culo y que habia sido una experiencia maravillosa. Intentamos convencer a Sonia que se dejara penetrar por detrás, porque tampoco a ella la habian penetrado por ahí, pero se nego en rotundo, dijo que ya se habia quedado bien satisfecha y que ya lo probaria la proxima vez.

Cuando nos recuperamos, nos vestimos y quedamos en repetir la experiencia mas veces. Asi lo hemos hecho, y casualmente, cada semana me llaman para que vaya a arreglarles el ordenador.

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sara zambola sep 6 15, 21:39
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Rubia y Morena

Verán, me llamo Enrique (Quique para los amigos) y tengo 32 años. Quiero mucho a mi esposa (guapa, inteligente, mi media naranja) y funcionamos muy bien en la cama. Desde hace unos meses se instalaron abajo dos chicas: una rubia y otra morena escandalosamente buenas, son de esas mujeres que incluso vestidas hacen que tu picha se levante.

Ambas son altas y preciosas, no por algo trabajan como modelos. Patricia es la rubia (aunque teñida, se nota por sus cejas oscuras y por las raíces igualmente oscuras, pero da igual, le queda de cine), de melena larga y lisa. Su acento canario me vuelve loco. Tiene una carita angelical, con esos ojazos azules que a veces miran pícaros y a veces como corderitos y una cara perfecta, con el punto de su piercing debajo del labio. Y si la cara es una locura, su cuerpo no le va a la zaga: piernas largas, vientre liso, tipazo, pechos en su justísima medida. La pena es que viste demasiado recatada, aunque siempre con estilo.

Cristina es la morena y está más rellenita que Patricia, más delgada. Ojo, eso no quiere decir que no tenga otro tipazo. Es morena de piel, tiene una melena leonina, muy rizada, que a veces se lo junta en un moño y deja ver un apetecible y sensual cuello. Ojos color miel y unos labios carnosos hacen de ella una mujer muy lasciva, aunque la dulzura y candidez cuando habla hace que rebaje esa imagen de mujer fatal. Cristina viste más sexy y luce unos escotes bastante considerables, aunque eso es mérito a sus pechos, no a las camisetas, que tampoco son tan atrevidas. Pero es que ese par de lolas se escapan de cualquier sitio. Me gusta mucho también su culo, siempre apretado en ceñidos pantalones.

Me cuesta mucho fingir delante de mi esposa que las miro con indiferencia. Por suerte ella se lleva bien con las vecinas y no me reprocha nada. Ambas son muy educadas y ni por asomo he podido ver un pechito de más o un poquito de ropa interior. Luego no sé si tendrán pareja, pero si la tienen lo llevan con mucho disimulo.

Por suerte son muy niñeras y mi chico pequeño llamó su atención y en seguida se hizo amigo de esas dos bellezas, encantadas con Kiko. A través de él pasamos a algo más que los típicos saludos de rigor. Muchas veces mi mujer y yo nos vamos y le dejamos con ellas.

El caso es que llegó el verano y yo dejé de tener que ir tanto a trabajar, no así mi mujer. Un día el niño se encaprichó con la piscina de la azotea y mis dos monumentos nos acompañaron. Buf, Patricia con un bikini gris plateado, de cordel por la espalda y Cristina con uno negro. Bastante discretos, pero que en sus cuerpos eran una maravilla. Al principio nos bañamos todos y jugamos un poco con el crío. Ya para entonces la mayoría de los vecinos se habían ido de vacaciones y los que quedaban eran los viejos, que no se acercaban a la piscina, por lo que estábamos solos. Luego ellas se fueron a tomar el sol. A Kiko le causó curiosidad ver cómo se echaban cosas en la piel y se fue para allá. Yo detrás, con los ojos fuera de mis órbitas. Nos pidieron echarlas el bronceador por la espalda y yo hice de maestro con mi hijo.

Me fui con Patricia y le desaté el nudo por detrás. Su majestuosa espalda estaba desnuda para mí... Mi cosa no aguantó más y se puso dura como una estaca. Mi bañador parecía una tienda de campaña. Me acerqué también a Cristina y le desabroché su sujetador. Otra espalda desnuda... Luego le fui guiando a Kiko. Echar crema en las manos y extenderla en la espalda. ¡Qué piel más suave y tersa! Luego las piernas... Yo pinocho total. Luego fui a enmendar el destrozo de mi hijo sobre Cristina y también comprobé que su piel no dejaba nada que desear con la de Patricia.

Después nos tumbamos nosotros, pero eso sí, a la sombra. Kiko se quedó dormido y yo traté de quitarme de la cabeza esas espaldas y esas piernas, pero pasaba el tiempo y no podía y tenía que tumbarme boca abajo. Al final decidí irme al agua y traté de calmarme con bruscos movimientos submarinos. Mi hijo se despertó por desgracia y al poco le tenía con los manguitos lanzándose al agua con estrépito.

Patricia y Cristina se incorporaron con las manos sujetando sus sujetadores, qué erótica visión intuir sus bustos y ver sus hombros desnudos... Mi pene casi explotó al ver cómo Patricia, de perfil, le abrochó el sostén a Cristina. Vi un pecho de refilón, un pezón sonrosado... Luego Cristina le anudó el de Patricia y vinieron al agua. Yo trataba por todos los medios de que no me rozaran y creo que lo conseguí, así como pasar desapercibido al salir, pues fui el primero y traté de taparme.

Por la noche, mi mujer pagó tanta tensión reprimida. Eso sí, ella no es tonta y sabía lo de la piscina. Me dejó sin respuesta cuando me comentó lo bien que me había sentado la jornada de piscina. No sé si era porque aún continuaba la calentura, pero me dijo que si le iba a plantar una cornamenta quería que se lo contara, que lo que no aguantaría sería quedarse con la cara de gilipollas. Yo le soltaba el típico discurso de "yo te quiero mucho", etc., pero ella no lo aceptó y siguió en sus trece.

"Júrame que me lo dices el mismo día". Entonces le dije con sinceridad que no tenía ninguna posibilidad, que yo era míster normalidad y ellas ni se fijaban en mí más allá de ser el padre de Kiko. Ella me dijo que yo era tonto. Ellas estaban aburridas y hartas de que los hombres no se acercaran a ellas al verlas como. Le habían dicho que hacía mucho no tenían una buena jornada de sexo e incluso habían hablado de mí y mi propia mujer me había alabado como amante... No le respondí nada, pero hicimos de nuevo el amor, con más fogosidad si cabe que antes.

Ahora cada vez que las veía me entraba una erección sólo con pensar en que podía tirármelas. Pero yo no me atrevía y ellas no insinuaban nada, así que todo seguía igual. Hasta que una semana ambos teníamos que salir fuera y le dejamos al niño con ellas. Yo vendría al día siguiente por la tarde y mi esposa tardaría un día más en llegar. Cuando yo lo hice, Kiko se empeñó en que Cristina y Patricia se quedaran en nuestra casa a dormir.

Ellas aceptaron y desde que entraron en casa mi polla estuvo en alto, sobre todo cuando mi hijo me comentó, entre otras cosas, que se había bañado junto a las dos chicas. Brrrrr.... Y cuando Cristina se fue a duchar... Me lamenté de no haber dejado la cámara encendida en el baño y cuando la vi entrar con la toalla enrollada a su cuerpo ya no podía más... Luego fue Patricia la que se duchó y la que volvió con otra toalla de marras, esta más pequeña incluso que la de Cristina. Ambas jugando con el pelo mojado junto a Kiko como si nada, como si no me excitaran viendo el nacimiento de esos apetecibles pechos o esos mojados muslos.

El siguiente en irse a la ducha fui yo y se empeñó mi hijo en acompañarme. No pude quitármelo de encima y no pude masturbarme como era mi intención. Por suerte, estar lejos de Patri y Cris me alivió la erección y nos duchamos. Luego descubrimos que no habían toallas. Kiko las llamó para que trajeran una toalla. Desde la mampara le dije a Patricia que había más en el armarito de al lado. Kiko de pronto corrió la puerta y alargó las manos para recogerlas. Dejó a Patricia con el movimiento de arrojarla por encima y no rehuyó la mirada ante mi desnudez. Ella estaba con una camiseta larga. Mi pene reaccionó al cruce de miradas y me puse colorado. Por suerte, Patricia se marchó y me tapé rápidamente para que Kiko no empezara a hacer preguntas por el cambio sufrido en mi entrepierna.

Vimos la tele hasta que Kiko se durmió y lo llevamos a su cuarto. Cristina llevaba otra camiseta como la de Patricia, pero de color gris. Yo intentaba tranquilizarme, pues con mi pantalón corto se notaría demasiado, pese a que debajo me puse unos apretados slips (yo habitualmente duermo en bolas, como mi mujer). Hablábamos en bajo, sin prestar atención a la tele, yo evitando ahora mirar menos a sus piernas y seguíamos bebiendo cerveza fresca porque hacía un calor de mil demonios.

Cerca de la una les dije que ellas durmieran juntas en la cama de matrimonio y que yo me iría a la habitación de invitados y aunque se negaron acabé convenciéndolas.

¿Ya te quieres acostar? ¿Te aburres o tienes sueño?, me dijo Cristina.

Yo negué y dije que era para cuando tuvieran sueño. Pronto cambié de tema, aunque no dejaba de pensar si no había una segunda intención en lo que Cris había dicho. Salió el tema del calor. Los tres teníamos ya una fina capa de sudor en nuestras frentes. Patricia me preguntó si yo dormía en pijama habitualmente. Me puse colorado y les dije que no. Mi pene despertó de su letargo. Me dijeron que ellas tampoco y lo hicieron de una manera muy sensual. Ellas me miraban fijamente a los ojos y yo alternaba de las piernas de una a las de la otra. "Nos gusta que seas tan tímido. Pero sabemos que te gustamos. En la piscina y en la ducha hemos visto que te excitamos mucho".

Entonces Patricia se puso de pie y se quitó la camiseta. Un sujetador de encaje negro y unas bragas del mismo color quedaron como su única ropa. Luego Cristina hizo lo mismo y pude ver su tanga blanco (lo vi cuando ella se dio la vuelta) y un sostén del mismo color. Esas prendas desaparecieron en seguida y vi dos hembras fascinantes, cada una con unos encantos únicos. Ambas se acercaron a mí y se arrodillaron. Cristina me besó en la boca y Patricia me bajó el pantalón y el slip de un tirón. Mi erección era más grande que de costumbre y sus labios en mi verga no aliviaron mi dureza, sino al contrario. Y mientras Cristina dejándome acariciarla sus tetas.

No podría imaginar nada mejor: yo chupándole los pezones a Cristina y luego su cuidadosamente depilada almejita y Patricia trabajándome con su lengua mi verga. Yo estaba tumbado con el coño de Cris sobre mí, tragándome sus flujos y sintiendo cómo Patri me hacía llegar a mi orgasmo, casi a la vez que Cristina, que se tumbó en la cama. Patricia se tumbó a su lado y yo luego.

Le bajé las bragas a Patricia y empecé a trabajarla como había hecho con Cristina. Ahora Cristina intentaba reanimarme mi polla con su mano y luego con su boca. No hizo falta mucho esfuerzo para ello. Patricia llegó al orgasmo muy pronto. Yo me separé de Cristina y les dije que terminaran de desnudarse. Me abalancé alternativamente a sus tetas y mi polla no sabía dónde introducirse. Nunca había visto tanta belleza junta.

Ellas decidieron ponerse a cuatro patas y fui metiendo y sacando mi verga de una vagina a otra. Cuando sentí que me iba a correr, les dije que se dieran la vuelta y descargué sobre ellas. Estaba en la gloria, pero agotado y cerré los ojos. Cuando oí la voz de mi mujer creí que estaba soñando:

-¿Te ha gustado, cabroncete?

Creí que ahora vendría una gran bronca, pero la verdad es que no la hubo, sino al contrario. Eso sí, las siguientes semanas fui de lo más servicial con ella y con Patricia y Cristina, por desgracia, sólo hubo entre nosotros una bonita amistad.

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sara zambola feb 8, 03:02
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Un corte de pelo muy especial

Iba como diablo, rebasando y acelerando a lo que mas daba mi pobre auto, tenia que llegar, la cita de mañana era muy importante y tenia que ir lo más presentable que pudiera, eran las ocho menos cinco y la estética cerraba a las ocho en punto. Doble la esquina y alcance a ver como iban cerrando la cortina, empece a tocar el claxon para que no me cerraran, Elisa volteo y me vio y detuvo la cortina, uf, lo había logrado.

Elisa es mi estilista desde hace cinco años, es una mujer que ronda los treinta años y que se conserva en buena forma. No es nada espectacular, es de tez blanca, estatura media y cabello corto, su cuerpo esta bien delineado y podemos decir que tiene lo justo en cada parte. Es muy abierta y le gusta tocar temas fuertes durante nuestras platicas mientras me corta el cabello. Nunca me lo ha expresado pero creo que le atraigo algo, ya que cuando esta trabajando se me acerca y me roza mas que a sus otros clientes.

“Pasa, que ya voy a cerrar”, me digo. En el interior de la estética se encontraba una chica que ya había visto con anterioridad, tambien era una clienta de años. A decir verdad era una de mis clientas preferidas, ya que esta que se cae de buena. Tiene como 23 años, es rubia, delgada, con unas piernas largas y muy bien formadas que terminan en un trasero de ensueño, pequeño pero como una manzana madura, su cintura es pequeña y su torso largo con dos pequeños senos con grandes pezones, creo que trabaja como modelo, mide cerca de 1.75 y se llama Laura.

Elisa se dirigió hacia mí y me dijo, “vamos siéntate, en un segundo estoy contigo”. Tras lo cual fue hacia la bodega de la estética y desapareció. Yo, tratando de ser amable, salude a Laura, preguntándole si también a ella se le había hecho tarde. Ella me contesto que no, que ella normalmente iba cada semana a esa misma hora a que le hicieran un corte de cabello especial.

Ya pude preguntarle que tenia de especial su corte, porque en ese momento salió Elisa de la bodega, seguida por Marta su ayudante. Marta inmediatamente procedió a saludarme con un beso en la mejilla, ella tiene 19 años y por las mañanas estudia cultura de belleza y por las tardes ayuda y aprende en la estética. Es una mujer de esas que llaman la atención por donde se para, ya que además de tener una forma de vestir muy provocadora esta muy voluptuosa. Tiene unas caderas inmensas las cuales se ven rematadas con unas nalgas con una curvatura que quita el habla, además tiene unos senos que parecen sandias, los cuales le gusta lucir a través de sus cortas y escotadas camisetas.

Vi que Marta traía una navaja de rasurar de esas que se utilizan en las barberías de antaño y que procedía a afilarla en una tira de cuero que Elisa le había dado. Elisa volteo y me dijo, “no te molesta que le hagamos un corte especial a Laura, lo que pasa es que esta es la única hora en que la estetica esta tranquila”. Yo sin mayor reparo y con curiosidad conteste, “no sigan, por mi no hay problema”. Elisa me coloco de frente al espejo y comenzó a acomodarme el pelo. Yo de reojo y gracias a la colocación de los espejos de la estética podía ver la mayor parte de la sala y en especial podía ver a Laura. La verdad es que me intrigo un poco en corte de pelo especial que le iban a realizar por lo cual decidí centrar mi atención hacia ella.

Cuando Marta termino de afilar la navaja se la dio a Elisa la cual, dejo a Marta cepillándome el cabello y se dirigió hacia Laura. Cual fue mi sorpresa cuando vi que Laura dejo caer su minifalda y sus pantys para después colocarse con las piernas abiertas y el sexo expuesto en el sillón justo enfrente de donde estaba Elisa hincada. Deveras que estaba buena esa mujer y la visión que tenia comenzó a ponerme calientito. Decidí moverme un poco para tener una mejor vista y logre apreciar como de la rajita de Laura hizo su aparición una gota de su flujo. Elisa tomo una brocha con jabón y comenzó a enjabonar todo su sexo, así como su entrepierna y la parte baja de su abdomen. Laura parecía disfrutar el paso de la brocha por su sexo ya que emitía unos ligeros quejiditos cuando pasaba por encima. Con el triangulito todo enjabonado Elisa con sumo cuidado comenzó a afeitar el cabello que rondaba el sexo de Laura, a lo que ella respondía con mas suspiros.Yo ni que decir me encontraba extasiado, nunca había visto como afeitaban a una mujer. Marta para ese momento seguía cepillando mi cabello, solo que ahora lo hacia con su mano acariciandolo. Después de la primera pasada, Elisa tomo la regadera portátil con la cual limpio el sexo de Laura, creo que la sensación del agua caliente sobre su panocha resulto por demás excitante ya que Laura comenzó a respirar con mayor fuerza y rapidez además de los quejiditos se trasformaron en gritos de placer. Para ese momento la escena era bastante excitante por lo cual yo tenia mi verga a punto de reventar el pantalón, pero me contenía todavía. La que al perecer no se pudo contener fue Marta ya que a la voz de “que calor hace aquí”, procedió a quitarse su camiseta y su brassiere, dejando a la vista sus enormes senos, los cuales ya sin la presión del brassiere lucían más grandes, además de que increíblemente se mantenían erguidos, ah bendita juventud.

Elisa siguió con su tarea, a lo cual Laura respondía cada vez mas excitada y empezaba a solicitarle a Elisa que por favor se lo diera, que ya no aguantaba más. Elisa le respondió que aguantara, que no estaban solas, pero ella le decía que no aguantaba mas y que por favor se lo diera. Tras esta insistencia, Elisa se paro y de uno de los cajones que se encontraba cerca saco una enorme verga de plástico de dos cabezas, la cual procedió a meter en la vagina y en el ano de Laura haciéndola estremecerse de gusto. Para este momento Elisa también se encontraba ya con los senos al aire y muy profesionalmente intentaba concluir con su tarea, ahora con unas pequeñas tijeras detallando su trabajo.

Mientras tanto yo ya casi no podía contenerme, la vista era impresionante, además de que Marta se encontraba justo detrás de mi y yo tenia mi cabeza entre sus grandes senos y era sometido a un masaje delicioso. Marta tenia sus pezones completamente parados y casi podía oler su sexo ya que era obvio que también tenia una excitación bruta. Intempestivamente, Marta se quito de detrás de mí para colocarse al frente y con una habilidad excepcional me quito la bata de corte y me dijo que quería revisar si yo necesitaba también un corte de pelo, tras lo cual me desabrocho los pantalones y los bajo junto con mis boxer a mis tobillos, dejando libremente, al fin, a mi verga, la cual se encontraba totalmente parada y mostraba toda la longitud de sus 21 cm.

Graciosamente Marta comenzó a acariciarla y tomar el vello púbico entre sus dedos, extendió su mano y tomo una tijera de corte y comenzó a cortar mi vello de la misma forma en que se corta el cabello. La sensación era totalmente nueva para mi y mi erección se convirtió en la mas grande que jamas hubiera tenido. Mientras tijereteaba alcanzaba a sobar mis testículos, los cuales se encontraban totalmente duros.

Después de unos cuantos minutos dejo las tijeras de lado y procedió a enfundar mi verga en su boca, la cual por si no lo he dicho tiene unos labios carnosos de esos que se antojan en una buena mamadora, resultando en una mamada como pocas, lentamente recorría cada mm de mi verga por una lado, por el otro, toda ella, en un vaivén increíble, mientras con sus manos seguía sobando mi huevos.

Mientras tanto Elisa ya había terminado su labor y se dedicaba a continuar con el lento mete y saca de la enorme verga de plástico. Para este momento Laura se encontraba sobre el sillón hincada y mostraba en todo su esplendor su bellísimo culo. Elisa empezo a realizar ahora su trabajo con su lengua y recorría toda su vagina quedándose con parte de sus jugos en la boca, mientras con una de sus manos movía la verga de plástico en el interior del ano de Laura y con la otra se masajeaba su sexo el cual para este momento solo se encontraba cubierto por unas panties de hilo dental rojas, que destacaban su cuerpo.

Laura estaba a punto de estallar al igual que yo, ya que Marta realmente era un profesional en esto de las mamadas así que sin mayor miramiento me deje ir y me vine como nunca me he venido descargando toda mi leche en la boca de Marta, mi verga bombeaba como loca y ella no pudo contener todo en su boca y se desbordó por su barbilla cayendo en sus senos en los cuales empezó a masajearlos con sus manos expandiendo mi leche como si fuera crema.

En ese mismo instante y con un grito desgarrador Laura también se vino entre fuertes convulsiones empapándose y dándole a Elisa una buen probada de sus jugos, los cuales tragaba como si fuera la ultima gota de agua del mundo. Yo creí que después de esa venida tan descomunal mi verga iba a flaquear, pero increíblemente y debido a Marta y su excelente mamada, rápidamente volvió a tomar fuerza y a desear introducirse en alguna de las vaginas disponibles. Rápidamente Elisa me levanto de la silla y me dio la verga de plástico que tenia Laura en el ano así como un vibrador de muy buen tamaño también. Las tres mujeres movieron sus sillones y se hincaron sobre de ellos quedando a mi vista los tres culos listos para ser penetrados. Elisa me pidió que le lamiera su vagina ya que estaba muy caliente y quería terminar. Laura seguía ilusionada con tener la verga doble en sus dos orificios y Marta quería mi verga dentro pero se conformo con el vibrador, ya habría tiempo después, además donde gobierna capitán….

Empece con my lengua a explorar el sexo de Elisa el cual para ser francos era muy bello ya que tenia su rajita casi rasurada, solamente quedaba una línea de vello que daba la sensación de alargar sus labios. Rápidamente encontré su clítoris y empece a estimularlo a lo cual respondió con un bamboleo cachondisimo que me puso a mil. En ese instante sentí como una boca se apoderaba de mi verga, inmediatamente reconocí esa boca, era Marta de nuevo, que no se podía contener y quería una verga dentro de ella. Yo seguí con mi movimiento y Marta me paso el vibrador diciéndome a la vez que a Elisa le gustaba sentirlo por el ano, por lo cual metí esta en el pequeño orificio recibiendo como respuesta una oleada de jugos en mi boca.

Repentinamente Laura se levanto de su sillón y se coloco en posición para darle un servicio a Marta, así que estabamos conectados en una cadena sexual de 4 gentes, todos gozando y dándonos placer, para mi esta era una experiencia nueva, cuando mucho yo había estado con dos mujeres al mismo tiempo y ahora tres, era la gloria.

Que decir que Elisa no tardo en venirse y yo casi me vengo con ella, pero me contuve ya que quería seguir jugando. Me coloque sobre el suelo y ahora las tres mujeres me tenían a su disposición, Marta quería sentir mi lengua y rápidamente se coloco sobre mi en una especie de 69 inconcluso, Laura desecho su verga de plástico y se introdujo mi verga en su panocha de una forma brutal que casi me hace venirme al sentir su caliente y húmedo coño, empezando con un movimiento loco de sube y baja sobre mi órgano. Mientras Elisa empezó a jugar con la verga doble y su vibrador, introdujo el vibrador en el ano de Laura y se introdujo a si misma la verga doble, además de que comenzó a lamer mis testículos y mi verga comiendose los jugos de Laura que derramaban por mi órgano.

Estaba con tres mujeres, que maravilla, de repente empece a sentir algo a la entrada de mi ano, era Elisa que utilizando la lubricación de Laura intentaba penetrarme con el vibrador, yo me resistí, pero finalmente lo logro. Era una sensación indescriptible, extraña, excitante, dolorosa, así que no aguante mucho y termine viniéndome de nuevo abundantemente adentro del coño de Laura, la cual también comenzó con un orgasmo tan violento que pense que me romperia el palo. Mientras tanto Marta se había levantado de mi cara y se había colocado lista para que junto con Elisa hicieran un 69 de ensueño.

Laura y yo terminamos en un beso largo, descargando lo que restaba de excitación con nuestras lenguas recorriendo cada centímetro de nuestras bocas. Al terminar nuestro beso nos recostamos y vimos como Marta y Elisa llegaban a sus clímax con unos gritos que daban miedo y placer a la vez. Después de esto las dos se acercaron a mi y entre las tres me estrecharon y besaron cariñosamente como agradeciendo el haber participado en sus juegos.

Con respecto a mi cabello, el día siguiente me las arregle como pude para estar lo mas presentable que pude, pero por la noche fui por mi corte de pelo, el cual me proporciono Marta con el cariño debido. Ahora cada semana me corto el pelo y aprendo como hacer cortes especiales a las mujeres.

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sara zambola sep 6 15, 21:31
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Haciendo de boy

Nadia y yo nos conocemos desde el instituto y salimos alguna vez antes de comprender que entre nosotros lo mejor que había era una gran amistad basada en nuestra complicidad. Han pasado más de 10 años desde que nos conocimos y aún somos dos grandes amigos. Cada uno tiene su respectiva pareja, pero solemos salir todos juntos. Bueno, Nadia y Félix y Andrea, casi todos los de la pandilla del instituto.

Se puede decir entonces que a Nadia la veo más como una hermana que como a una mujer, pese a que es muy guapa. No es como mi novia Vero, con la que llevo tres años y con la que me pienso casar cuando me den el ascenso, y no sólo por razones físicas (Vero luce un tipazo de escándalo y es más delgada que Nadia, que es más rellenita. Ambas tienen una cara muy bonita y una melena preciosa. La de Nadia es más oscura que la de Vero, que es castaña tirando a rubia). Es la mujer de mi vida.

Nadia es bastante tímida y no se llega a valorar del todo como es. Menos mal que su novio, Diego, la ha subido mucho el ánimo. Llevan ya dos años de casados y están muy bien, cada uno con un trabajo estable. Pero pese a que ahora Nadia se quiere más de lo que hacía antes, se le nota que la timidez todavía no se la ha quitado de encima. Se puede ver según como se viste. No aprovecha sus atributos con escotes de ningún tipo y verla con falda es casi un milagro. Y ya digo que no está mal. Hemos ido juntos a la playa y no sólo yo lo digo, también Vero la ha alabado al verla en bikini, sorprendiéndose mucho.

Si hablo tanto de Nadia es porque ella es la que desencadena este relato con una petición que me hizo hace unas dos semanas. Yo la veía notando preocupada la anterior semana, pero no sabía por qué y como no era del todo claro no le había dicho nada. Una tarde se presentó a la salida de mi trabajo y fuimos a tomarnos una copa (es algo bastante habitual porque trabajamos cerca el uno del otro y solemos volver juntos).

No sabía cómo empezar y se estaba enrojeciendo por momentos. Yo la conozco bien y sabía que lo que me estaba diciendo era un método para ganar tiempo. La sugerí que se bebiera de un trago la cerveza que le faltaba y que me contara. Lo hizo y me miró muy seria a los ojos. "Sabes que no te lo pediría si no me viera muy apurada".

Pidió un tequila al camarero y, tras bebérselo de un trago, tomó carrerilla:

- Ya sabes que estoy últimamente liada con los preparativos de la boda de mi prima porque me pidió ser su dama de honor, ¿no?

- Sí, algo me dijiste. ¿Por eso estás tan preocupada?

- Es que es bastante más complicado de lo que pensé. Ya sabes que aprecio mucho a Isabel y quiero que todo salga perfecto. Bueno, lo estaba logrando, hasta que Carmen, su mejor amiga, me dijo que la ilusionaba mucho una despedida de solteros a lo grande, como la que le iban a dar a su prometido. Y bueno, yo había preparado lo típico, una visita a un Boys, unos bailes privados, etc. Lo tuve que cancelar porque Carmen me contó cual era la fantasía de Isabel...

Nadia miró mi cerveza y se tomó un buen trago para continuar.

- Ella quería una fiesta en su chalé de la sierra con todas las amigas, con todo tipo de bebidas y juegos y que la guinda fuera un pastel del que saliese un boy de escándalo, que hiciese un streaptease lo más subido de tono que fuese posible...

- ¿Y...?

- El chico que tenía preparado se me echó para atrás y me lo dijo hace tres días. Y no he podido encontrar a nadie que no tuviera ya algún compromiso.

- ¿Y dónde entro yo? Yo no conozco a ningún boy...

- Nacho...

Me miró entre avergonzada y pícara y entendí lo que me estaba planteando: ¡que yo fuera el boy para su fiesta! No me gusta presumir de mí mismo, pero voy bastante al gimnasio y tengo un cuerpo muy trabajado, y me enorgullezco de mi cuerpo, sobre todo de mis pectorales y de mis abdominales. Además soy bastante moreno y sé que las chicas no me quitan ojo y que Vero no se burla de mí cuando me dice lo bueno que estoy.

Le dije a Nadia que nunca había hecho un streaptease y que me daría vergüenza. Además, alguna de sus amigas podría conocerme... Nadia no quería obligarme y me dijo que lo entendía, pero le vi en el rostro una cara de apuro como nunca la había visto, así que le dije que lo haría.

Era una locura y no quería que se enterara Vero ni nadie. Ella me lo aseguró y me dijo que había pensado hasta en el disfraz para no descubrirme. Su cara se iluminó de repente y me soltó sus planes, dándome incluso un video para que aprendiera algún baile para ellas. Animada por las copas, llegó incluso a decirme que quitarme el taparrabos sería decisión mía, que no me dejase influir por las chicas, aunque lo más propio sería llevarme a la prometida a una habitación aparte; me asombré por eso último y, muy agitada, me dijo que no hacía falta que me la tirara, que sólo hiciese algún contoneo erótico y más atrevido, que lo importante era que pasara con ella un buen rato para hacer creer a las demás que lo habíamos hecho. Me dijo que me pagaría como un boy, yo me negué a cobrarla, pero insistió mucho y me decía entre risas que a ver si lo que quería era cobrar a parte... No la entendí y me dijo que viera la película.

Estábamos a miércoles y la fiesta era el sábado. Los dos días siguientes estuvimos preparando los detalles: buscarme una excusa con Vero, saber cuántas invitadas vendrían a la fiesta, saber cómo eran, preparar el disfraz... Lo de Vero se resolvió con una reunión de trabajo y copas con los compañeros. Vendrían unas veinte chicas, de 20 a 47 años, con muchas ganas de juerga, muy escandalosas pero pacíficas, iría con el traje del zorro, con capa, con un pañuelo en la cabeza, un bigote de pega, el antifaz que nunca me quitaría, pantalones de cuero, camisa negra y un taparrabos del mismo color, también de cuero y que me trajo a casa cuando Vero estaba fuera.

Me memoricé un baile y el viernes le comenté lo nervioso que estaba, entre otras cosas porque no sabía si no iba a excitarme, luego la eché una pequeña bronca por lo del dinero a parte (que era aceptar algún cobro de alguna chica para algún servicio especial; en el vídeo el actor ganaba mucha pasta...). Me dio la dirección y una llave para que entrara por la puerta de servicio a la una y media, acordamos que no saldría de la tarta hasta que sonase la canción convenida (Sexbom, de Tom Jones), cuando ella y Carmen la abriesen por la mitad y luego no nos vimos el sábado hasta la fiesta.

El sábado por la tarde hice unas horas extra en el trabajo y cuando salí llamé a Vero, que me dijo que iba a salir con unas amigas. Ya eran las diez y estaba muy nervioso. Quedaba demasiado y pensaba que Nadia me iba a deber un favor MUY grande. Me fui a tomar alguna caña y hacia las once y media, llamé a casa. No había nadie en casa y me fui a por el disfraz, a ponerme al menos la camisa, el taparrabos y los pantalones, que tenían cremalleras a los lados para que fuera espectacular el modo de quitármelos. No me puse calcetines y escogí unos zapatos fáciles de quitar. Las doce y media. La despedida ya habría comenzado hace bastante. Guardé el resto del disfraz en una bolsa y me fui en coche para allá.

Hacia la una y cuarto estaba delante de la casa. Completé mi atuendo (comprobando que el taparrabos era al menos de una talla menor a la mía y que sería fácil que algún huevo se me saliera al moverme) y un poco antes de la una y media estaba en la casa. En la cocina estaba la tarta abierta por la mitad. Era de plástico. Oía el bullicio en la habitación de al lado, muchas risas y gritos. Me metí y la cerré. Sólo quedaba esperar y esperaba que los tragos previos me ayudaran a sentirme desinhibido.

Oí pasos y Nadia y Carmen (que no sabía quién era yo) me dijeron que estaba todo listo. Di un golpe como señal de confirmación y me arrastraron al salón. Por las luces que las rendijas dejaban escapar, noté que las apagaron. Oí una voz preguntar que si el boy tenía un pene grande y me sorprendió oír a Nadia decir que era enorme. Nunca me la he medido, pero menos de 18 centímetros no tengo (según comparaciones que no vienen al caso con Vero con diversos objetos), o sea que la bruja de Nadia en alguna ocasión me habría espiado (no me hace falta estar empalmado para que mi pene tenga buen aspecto, y no pretendo chulearme). Muchos gritos resonaron. Parecían lobas en celo aquellas mujeres. Me situaron en medio de la sala y resonó el inicio de la canción.

Abrieron la tarta y me incorporé. ¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaah!!!! Entre los gritos casi no se oía ni la música. Me habían puesto una especie de foco apuntándome y las veinte mujeres se arremolinaban en torno a mí, que ya estaba empezando a jugar con la capa. Desde mi alta posición, hice un pequeño reconocimiento y comprobé que conocía a casi todas, aunque no en el estado en que se encontraban, bastante borrachas, desatadas y muy excitadas. Me encontré más cómodo de lo que pensaba y me halagaban los gritos que me dedicaban: tío bueno, macizo, quítate la ropa, enséñanos tu paquete, etc.

La capa se la lancé a la tía de Isabel (y no la madre de Nadia), la veterana del grupo y una de las más ruidosas e indecentes. Bastante rellenita y exuberante con ese escotado y apretado traje de lentejuelas. Fui desprendiéndome de las prendas y lanzándoselas a las gatas salvajes, que se lanzaban con furia a por lo que tiraba.

Vi que la novia llevaba su traje blanco de bodas, muy bonito y escotado. La chica no era una preciosidad, pero no estaba mal y tenía su punto su cara pálida y su apretado escote, que elevaban sus tetas y las redondeaban. Nadia vestía, como todas aquellas mujeres, muy sexy también, con una minifalda negra muy mini y un top súper ajustado y escotado. También el maquillaje contribuía a que su aspecto me resultara diferente. Y he de reconocer que me fijé en una chica, creo que se llama Karen, amiga de Isabel, una chica no sé si colombiana o venezolana, no recuerdo, un bombón mulato con pantalones ajustados por la cintura y una pequeña camiseta negra de tirantes que remarcaban sus atributos generosamente. Para ella fue la distinción especial de los pantalones y mis más insinuantes miradas, algo escondidas tras el antifaz.

Todas pidieron que el taparrabos desapareciera, y mi intención era que se conformaran con la visión de mis testículos al aire rebosando ese apretado atuendo y con mis nalgas solamente cubiertas por una fina tira que se me metía por la raja; haría un gesto a la novia y, falseando la voz, exclamaría que el resto era para la novia, pero yo estaba muy excitado, la verdad, con tanto halago y tanta hembra lujuriosa deseándome, así que después de varios amagos me los bajé y disfruté con el gran chillido de júbilo. No me avergonzó saber que estaba casi totalmente erecto y que la punta de mi glande estaba descapullada. Todas me gritaban que querían ese palo dentro de ellas, incluyendo a Nadia, que también estaba enfervorecida. Pero me lo subí y tomé a la novia en brazos, llevándola a la habitación de arriba.

Isabel me buscaba la boca con un atrevimiento que no me esperaba, pues ella siempre ha sido muy cortada. La situé en el cuarto de pie y me contoneé delante de ella, acariciándola, acercándome y separándome. La senté en una silla y jugueteé con el taparrabos, presionando mi pene contra su espalda, mostrándome delante de ella y llevándome las manos al tirante, dejándole mi paquete ante su boca. Quería satisfacer el deseo de una lectura y dejé que Isabel me lo fuera bajando lentamente, dejando ver mi vello púbico. Yo, algo ansioso, puse mis manos sobre las suyas y tiré bruscamente hacia abajo.

Mi rabo salió disparado hacia arriba y topó con la barbilla de Isabel, que no tardó en sobarme los huevos diciéndome que parecían los de un caballo. Me los exprimía con fuerza. Mi verga estaba a punto de explotar, dura y gorda como pocas veces. Moví las caderas acercándola a su boca. Por fin, esta se abalanzó ante mi trozo de carne y chupó con estrépito, agarrando la base con una mano. Me retiró la piel del prepucio y siguió disfrutando de mis jugos. Gozaba como una loca y yo también. No me habría importado correrme en su boca y creo que ella se hubiera dejado, pero como repetía cuando se la sacaba que quería tener mi polla dentro de ella, el pensamiento de su enorme culo (es un poco culona) me hizo desear follármela.

Le bajé el vestido y destapé sus pechos, blancos, pequeños, suaves, deliciosos, con una forma como de la parte de abajo de una S. Se los chupé e incluso mordí sus pezones entre marrones y rosados hasta que los enrojecí del todo. Luego me arrodillé y retiré su pesado vestido y aparté a un lado su braga. Su vagina chorreaba y su pelambrera estaba muy empapada. Aparté con los dedos sus labios superiores (hinchados de la excitación) y dirigí mi lengua dentro, sin dejar de masturbar su pepita mágica e hinchada. Estalló en varios orgasmos y decidí que estaba lista para mi penetración.

Entonces me gritó que era virgen, que no la desvirgara, decía la muy puta. El coño era para su marido, quería sentirme dentro, pero tendría que ser por el culo. Rómpeme por detrás, me suplicó. La puse a cuatro patas y comprobé que estaba bastante dilatado, por lo que ya veía cómo había resistido tanto tiempo "sin follar". Su enorme culo me excitó tanto que se lo chupé hasta meterle la lengua dentro.

Al meterla el tercer dedo, puse mi aparato detrás y empujé. Gritó bastante, pero sabía soportar el sufrimiento. Cuando llevaba más de la mitad dentro, ella lloraba pero ya de gusto, destrozándose el clítoris con su mano. Quería que mis huevos chocaran con su culo y cuando lo hice, comencé el mete saca. No tardaría en correrme con tanto grito. Lo peor era no poder decirle nada y conformarme con hacer un mmm..., mmm..., mmm... sordo. Noté cómo mis huevos se endurecían y cómo una descarga eléctrica me sacudía desde la espalda hasta la punta de mi glande. Suspiré, casi grité cuando el primer chorro inundó ese hirviente agujero taladrado por mi pene. Inundé su ojete con varios chorros más y me tumbé en la cama. Isabel se despidió con un gran morreo y se fue a la ducha.

Abrí los ojos al notar que una boca estaba limpiándome los restos de mi semen. Era la tía de Isabel, creo que se llama Eulalia. Estaba a cuatro patas, mostrándome sus enormes senos, liberados de la parte de arriba de su vestido, mientras me la chupaba. Cuando consiguió ponérmela dura (he de reconocer que su lengua era muy experta), se incorporó y me arrojó a la cara un fajo de billetes. Se subió la falda y se sentó de golpe sobre mí. No tenía bragas y aulló de placer la perra. Cuando la tuvo hasta el fondo, empezó a cabalgarme. Pesaba bastante, pero conseguí incorporarme y besarla esas flácidas y enormes tetas, por donde caían unos enormes y oscuros pezones que no dejé de saborear y de morder. Y no dejaba de apretarle las blandurrias nalgas como si me fuera la vida en ello.

No estábamos solos en la habitación. Carmen, que nos observaba desde el quicio de la puerta, se decidió a acercarse. Estaba masturbándose. Se había quitado los pantalones y sus bragas. Pidió permiso a Eulalia para ponerme su coño en la boca y ella se lo concedió. Tiró unos cuantos billetes a mi lado y se puso de pie en la cama y bajó su entrepierna hasta que la tuve en las narices. Moví mis manos hasta sus caderas y aspiré su aroma vaginal. Era distinto al que había podido oler hasta entonces, muy fuerte, pero no me disgustó. Además estaba depilada completamente. No me disgustaron ni siquiera sus enormes y demasiado cortos muslos. Y me excitaba verla sobándose sus separados pechos y cómo se pellizcaba sus diminutos pezones.

Mientras, Eulalia se había corrido por tercera vez y cayó agotada. Carmen no se lo pensó y trató de ocupar su lugar, pero yo me levanté y la di la vuelta. Se la metí por detrás, por su cuca, bestialmente, todo mi instrumento de un golpe. De lo lubricada que estaba, entró como la mantequilla. Estábamos en una postura incómoda, mi pecho contra su espalda, pero le apretaba las tetas y echaba las caderas hacia atrás y la volvía a penetrar. Se corrió antes que yo y la hice tumbar al lado de la vieja gorda. Me masturbé apuntando a ellas y descargué mi semen contra su cara. Ambas abrían la boca y se disputaban la lluvia de leche que volvía a disparar.

Las dos hembras salieron de la habitación con el gesto de satisfacción en sus rostros. No sé si por la adrenalina o el exceso de excitación, pero no me preocupó demasiado comprobar que ni siquiera el pañuelo de la cabeza se encontraba ya en el suelo. Me asomé hacia la sala en bolas y vi que, aunque muchas mujeres ya se habían marchado, aún quedaban unas seis o siete bebiendo, charlando y bailando. Esperaba que Nadia me viera para que pasara ropa. Oí un ruido detrás y vi que Karen estaba lavándose la cara. Estaba de espaldas a mí y no me había visto. ¡Qué culo! Me hizo desearla mucho y me acerqué a ella.

Pegué mi pene en su culo y la besé en el cuello, apartándole el cabello. Le acariciaba los senos por encima de su camiseta y pronto Karen superó la fase de rigidez y se abandonó a mis caricias, echando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos y suspirando. Me dijo si aún tenía fuerzas. Me había visto antes con Carmen y Eulalia. La di la vuelta y enrosqué mi lengua en la suya. La tomé de las nalgas y me la llevé al cuarto sin dejar de besarla. Karen parecía una amazona y la deseaba más y más. Ella no dejaba de sobarme la entrepierna. La empujé contra la pared y me deshice de su camiseta. Dos gloriosos pechos erguidos y desafiantes bailaron como un flan o una gelatina. Los acaricié y me resultaron muy blandos, por lo que me sorprendía que no cayeran al suelo sus parados pezones oscuros, que hice desaparecer en mi boca. Lo malo de nuevo era no poder decirle lo buenos que me estaban pareciendo sus tetas y conformarme con gemir.

Ella se estaba desabrochando los pantalones. Yo me agaché para facilitarle la tarea y vi su tanga de escándalo. ¡Estaba buenísima! Mi pene volvía a estar mirando al techo. Se lo bajé y vi que tenía el coño rasurado, apenas con una tira de pelos afeitados. Su vagina parecía más estrecha que otras. Me entrelazó con sus piernas por la cadera e introduje mi verga dentro de ella. No estaba tan mojada como las anteriores hembras y me costó más atravesarla, cosa que hice poco a poco, entre besos y gemidos de Karen.

Notaba una agradable presión y un calor intenso. Su vagina se contraía y dilataba según mis empujones. Era una gata experta y consumada y mi rabo se encontraba como en casa. Apretaba sus duros muslos y sus tetas, que se habían endurecido más. Tenía que probarla en más posturas, así que alterné con ella en diversas poses. Cuando notó que ya no podía más, se arrodilló y se llevó mi verga a la boca. No hizo falta mucho trabajo de su lengua para que estallara en ella. Se levantó y vi un chorro de semen deslizándose por su mejilla. Muy sensualmente, se llevó un dedo al semen y se lo metió en la boca.

Iba a pagarme ella también, pero yo le frené la mano y la besé de nuevo. Entonces me dio su número de teléfono móvil. Al contrario que los otros números, éste sí que me interesó, aunque poco a poco iba recordando a Verónica. Karen se bajó y yo detrás de ella. Nadia estaba sentada en las escaleras y le toqué el hombro. Se dio la vuelta y no levantó la cabeza de mi entrepierna. Le dije que me diera ropa. Eran pasadas las cuatro. Me dijo que subiera y noté que le estaba ofreciendo la vista de mi culo y que su vista no despreciaba el espectáculo. Me cortó un poco pensar que era Nadia.

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Me dijo que entrara en otro cuarto distinto al de mis aventuras sexuales. Mientras buscaba en un armario, me preguntó si me lo había pasado bien. No sabía qué contestarla. La miraba las piernas y me resultaba muy apetecible, muy sensual, sobre todo cuando se ponía de perfil y notaba su generoso busto. Mi pene volvió a levantarse. Ella, sin darse la vuelta, me decía que era extraño tenerme en bolas. Yo le dije que por lo que había dicho antes, no la creía. Se rió y me dijo que me había visto varias veces. Te vi muy excitada antes, le dije acercándome a ella. Se dio la vuelta y me tuvo cara a cara. Oye, ¿qué haces? ¿No me deseas? La besé. Ella no se movía. La besé otra vez. Sus labios me devolvieron el beso.

La abracé y la besé en el cuello. Ella me apretó el culo y me dijo que se moría de ganas de echarme un polvo. Déjame verte las tetas, le ordené. Y ella se desprendió de su top y sus pechos quedaron delante de mí. La volví a abrazar, aplastando sus senos con mi pecho y la besé con más pasión que antes. Sentía más excitación incluso que con Karen, notaba que Nadia me estaba volviendo loco. Ella me acariciaba la polla con ternura y me susurraba que no sabía cuántas pajas se había hecho pensando en mi aparato. La tomé de la cintura y la trasladé a una mesita de noche. Ella me quitó el antifaz y yo le decía que estaba muy buena, que la deseaba.

Retiré su minifalda y vi que no llevaba ropa interior. Me dijo que así se sentía más caliente. Estaba muy húmeda. Mi nariz se hundió en su sexo y su aroma me pareció único. Con cada roce de mi boca ella suspiraba y gemía y me acariciaba el pelo. A Diego no le gustan estas cosas, me dijo. Me pidió que se la metiera y me levanté mirándole a los ojos. Ella se tumbó y se abrió aún más de piernas. Su coño no estaba depilado, pero sí bien cuidado, con una forma triangular su pelambrera de lo más apetitosa. Mis músculos se tensaron al atravesar los primeros obstáculos. Pude gritar de gusto. Ahhhh, ahhh, ahhh. Le estaba ensartando mi verga a mi amiga de toda la vida y me estaba fascinando. Ella decía que siguiese, que la quería toda, que me necesitaba dentro. Y yo la decía que estaba muy buena, que su coño era una delicia.

Se puede decir que hicimos el amor, que fue algo más tierno y pausado, profundizando, relamiéndonos en las caricias y las frases obscenas. Me pidió que su leche la inundara; antes me había pedido más velocidad y ahora el mete saca era más violento. Nadia llegó al orgasmo y jadeó de una manera increíble. Pero no paró ahí, sino que con cada embestida, su vagina retumbaba y temblaba, produciéndome una sensación de placer increíble. Ahora estaba yo encima de ella en la cama y de un momento a otro me iba a correr. Grité cuando noté la primera descarga. Ella hizo lo mismo. Había perdido la cuenta de las veces que ella había orgasmado.

Cuando nos levantamos eran casi las seis. Me duché y cuando volví a verla, Nadia estaba ya vestida. Me dijo que se quedaría en casa, que tenía aquí la ropa. Nos veríamos en la iglesia. Salí por detrás sin ser visto y me fui a casa pensando en lo sucedido. Cuando volví a ver a Verónica supe que no había dejado de quererla. Nos hemos visto muy pocas veces estas dos semanas Nadia y yo, pero parece que no ha sucedido nada. No sé si volverá a pasar algo entre nosotros.


sara zambola feb 8, 03:07
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